La terapia integradora es un enfoque que no se ata a una sola corriente psicológica. Toma de cada una lo que sirve a cada persona en ese momento, siempre que esté respaldado por la ciencia.
La terapia integradora, en general, combina modelos psicológicos. Mi enfoque suma otra capa, que es tu contexto y tu cuerpo. Antes de decidir qué trabajar me fijo en cómo duermes, cómo comes y cuánto te mueves, porque pasar varias noches durmiendo mal, llegar a la cena sin haber comido en todo el día o llevar semanas sin moverte cambia la paciencia que tienes y las decisiones que tomas.
Empiezo por lo que más te pesa hoy y voy con calma hacia el porqué. Cuando toca, uso también recursos del cuerpo, como la respiración o el anclaje.
Mi base está en la terapia cognitivo-conductual y en las terapias de tercera generación, como la terapia de aceptación y compromiso, junto con la terapia breve estratégica. Sobre esa base elijo lo que mejor encaja con cada caso.
En las primeras sesiones se hace una evaluación y se acuerda un plan. Si algo queda fuera de lo que puedo abordar, lo digo y oriento hacia el profesional adecuado.
No. Integrar no es improvisar ni probar cosas hasta que una funcione. Cada técnica se elige porque tiene respaldo científico para lo que te pasa, y se descarta la que no encaja contigo o con tu momento. Lo contrario también ocurre, que se aplique el mismo protocolo a todas las personas aunque sus casos no se parezcan. Por eso primero se evalúa y se acuerda un plan, y después se elige con qué trabajar.
La terapia cognitivo-conductual trabaja cómo se influyen lo que piensas, lo que haces y lo que sientes, y sirve para cambiar hábitos y reacciones concretas. Las terapias de tercera generación, como la terapia de aceptación y compromiso, ayudan a dejar de pelearte con lo incómodo y a moverte hacia lo que te importa. La terapia breve estratégica se centra en qué mantiene el problema hoy y en intervenir sobre eso con pasos concretos y en poco tiempo.
Imagina que notas un nudo en el estómago cada vez que tienes una reunión y has empezado a evitarlas. Desde la terapia breve estratégica se mira qué haces para librarte de esa sensación y cómo eso la mantiene. Con recursos de la terapia cognitivo-conductual se trabajan los pensamientos que se disparan antes de hablar. Con la terapia de aceptación y compromiso se practica sentir el nudo sin que decida por ti. Y con el cuerpo, se cuida cómo llegas a esa reunión, con el sueño de la noche anterior y una respiración que baje la activación. Ninguna técnica sola lo resuelve, y ninguna sobra.
Si buscas comparar modelos, la guía para elegir psicólogo resume cada uno. Y si ya probaste terapia antes, puede interesarte por qué una terapia anterior se queda a medias.
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Contactar por WhatsAppPsicóloga General Sanitaria (colegiada AN-12483)
Actualizado el 25 de septiembre de 2026